Un mundo de libros para el pensamiento crítico.
Autor: Amnon Kapeliuk
Actualizado el 22 del 09 del 2009
Llego a Sabra y Shatila unos días después de la matanza. Jamás podré olvidar lo que veo, lo que escucho. Al sur de Shatila, encuentro la fosa común cavada durante la carnicería. Un palestino me dice:
Fíjese lo que han hecho, mis hijos, toda mi familia está allí y me señala con el dedo la tierra fresca echada sobre la enorme tumba.
Él mismo se salvó porque justo había ido a buscar alimentos para su familia. Cuando retorna se encuentra con sus prójimos asesinados. Miro la tumba y veo cabellos rubios apenas recubiertos de tierra. Es una imagen surrealista. No sé qué me pasa. Toco esos cabellos y descubro que son de una muñeca. La levanto y le prometo a mi interlocutor palestino que llevaré ese elemento-símbolo de la tragedia a un museo nacional palestino, cuando se cree.

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